Con la vida en contra, una mujer saca adelante a 14 muchachos. Una de sus hijas ha sido condenada a muerte por un distribuidor de drogas. Ella, Eulogia, lo sabe. Pero no le queda tiempo para llantos: su único descanso es aquel que le reservan cuatro horas de sueño cada noche. Lo demás es bolsa. Bolsa tras bolsa, o plancha en mano, saca de donde no tiene para pagar las arepas y las boletas a catorce hijos y nietos
Sebastián de la Nuez
SIC 724
Para llegar donde Eulogia, es decir, a la casa donde está viviendo con su hermana y catorce menores de todas las edades, no hay que andar demasiado. Sólo ir a Guarenas, darle la vuelta a una redoma, regresar como si uno fuese a tomar la carretera vieja y subir por una de las dos cuestas que ofrece el cerro, ahí mismito. Hay una parada de autobús donde mataron hace tres años al segundo de los hijos de Eulogia. De allí suben esas dos cuestas bien empinadas, una a la izquierda y otra a la derecha. La casa se consigue subiendo por la derecha. Al llegar a una santamaría pintada de colores y adornada con abolladuras de balazos, bajas una hilera de escalones de cemento desiguales, pasas la capillita pintada de azul que le pusieron los vecinos a dos jóvenes asesinados en el lugar y, poco más abajo, encuentras la casita rodeada por una cerca alfajol. De bloques, con rejas de hierro en las ventanas, pintada de amarillo. Desde el terreno aledaño observas la autopista que comunica con Guatire donde los carros en miniatura van y vienen. Es la misma vista que puede tenerse desde un avión; pero encima del barrio donde vive Eulogia con su hermana y la muchachera hay tres o cuatro barrios más. Casi cualquier cosa que uno le pregunte a Eulogia guarda relación con algo que queda por allá encima. “¿Dónde es que usted busca los materiales para hacer sus cuatro mil bolsas semanales?” “En un sitio que está por allá arriba”. “¿De dónde viene el señor que le alquila la lavadora los domingos, por sesenta bolívares de los de ahorita?”. “Guá, de allá arriba”.
Lo único que queda arriba de manera tangible es la escuela, con su cancha para jugar futbolito y una puerta azul. Casi todos los niños que viven con Eulogia entran a la una de la tarde y permanecen allí hasta la cinco: les dan una especie de almuerzo compuesto por arepas y un vaso de leche. Los niños que rodean a Eulogia parecen haber salido de un anuncio de United Colors of Benetton fotografiado en el Caribe. Con su piel recién estrenada y los ojos como aceitunas de vidrio, se le quedan mirando al periodista como si hubiera llegado vía expresa desde Marte. Pero lo que debe decirse de una buena vez es que Eulogia los saca adelante a todos, sean hijos o nietos heredados de los padres que se han marchado o han muerto. Los saca adelante con la fuerza de su voluntad de acero inoxidable. No hay fisuras por donde pueda escaparse el desaliento en su vida cotidiana que comienza a las 4:00 am y termina a las 12:00 de la medianoche, hilando y pegando bolsas. No se da tregua. En algún momento recuerda al marido asesinado el 29 de diciembre pasado. Esa fecha la tiene clarita y no le queda por allá arriba. (more…)

Desde el 30 de junio de 2011, después de días de rumores, vacíos informativos y desmentidos oficiales, el presidente Chávez informó en cadena de radio y TV, desde Cuba, que había sido operado de un tumor maligno en la zona pélvica. Desde esa fecha hasta ahora, la agenda informativa sobre la salud del Primer Mandatario ha sido un gran laboratorio en el que la comunicación oficial es un cuentagotas que mantiene al país en ascuas. El pueblo está sometido a dosis de una radioterapia distinta a la que recibe el Presidente porque las vocerías no han sido transparentes ni oportunas. El cáncer se convirtió en otra pieza política del malabarismo de temas que mantienen al país atento ante la inminente elección del próximo 7 de octubre.






Las expectativas abiertas por la pluralización de las voces en la Asamblea está siendo frustrada no solamente por las nuevas restricciones del Reglamento de Debates, sino por incontrolada actuación de barras, que gritan consignas. El espacio del debate público se convierte así en un lugar de confrontación acompañada de gritos y amenazas, más que de argumentos, con riesgo de ir incluso a las agresiones físicas. Es lamentable, por otra parte, ver el espacio de la Asamblea, que debe ser ejemplo de democracia y pluralidad, convertido durante las interpelaciones a los Ministros, más bien en un recinto burocrático cercano a un reducto partidista, que a un ágora de discusión democrática. Las exigencias planteadas recientemente –el 15 de febrero– por el Sindicato Nacional de Prensa merecen ser consideradas en aras de un ejercicio más libre de la profesión periodística y de la transparencia pública, cuando afirman:



