Roberto Briceño-Leon
Con la llegada de la modernidad se pensó que las religiones iban a desaparecer. Se afirmaba que habían sido una manera de explicar el mundo ante la ausencia de un pensamiento racional; por ello, el incremento de la educación y del conocimiento científico del universo haría superflua la espiritualidad.
Este proceso, conocido en la sociología como secularización, debía ser universal e incremental; es decir, cada día sería más grande y más disperso en toda la Tierra. Dos eventos adicionales podían contribuir en esa dirección: la pérdida de poderes terrenales de las organizaciones religiosas por la separación entre el Estado y la Iglesia, y la politización del mensaje antirreligioso por el marxismo al considerarla el opio de dominación social.
En Venezuela, la secularización se impulsó desde los tiempos de Guzmán Blanco cuando los tres ritos esenciales de la vida: el registro del nacimiento, el matrimonio y la defunción dejaron de estar en manos de la Iglesia y pasaron a ser de exclusiva atribución de las autoridades civiles. Luego, con el divorcio y la expansión de la educación pública laica a partir de los años cuarenta, se pensaba que la religiosidad tenía sus días contados en el país.
La realidad que encontramos en nuestros estudios es completamente diferente: 92% de los venezolanos dice creer en alguna religión, sólo 8% se declara agnóstico o ateo. (more…)



