Honegger Molina
El momento es oportuno para agradecer al buen Dios por el regalo de la vida y obra de la Madre Candelaria de San José. No es un hecho significativo solo para la Iglesia y la familia carmelitana, sino para todo el pueblo venezolano, porque se trata de una mujer que es paradigma de vida cristiana, por su fe profunda, y la entrega al servicio de los más pobres.
El domingo 27 de abril se realizará, por primera vez en el país, la beatificación de una hija de nuestra tierra. Los obispos recordaron que Benedicto XVI emitió el pasado 6 de julio de 2007 el decreto por el cual se reconoce un milagro realizado gracias a la intercesión de Madre Candelaria, abriendo así las puertas de su proclamación como “beata”. Declaración que establece que ella goza ya de la felicidad eterna, y puede recibir culto público. Ceremonia que se efectuará en Caracas, y será presidida por el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, quien vendrá en representación del papa Benedicto XVI.
Susana Paz Castillo Ramírez, en religión conocida como Madre Candelaria de San José, fue una mujer de los llanos venezolanos, nacida en Altagracia de Orituco, estado Guárico, el 11 de agosto de 1863. Fue la tercera hija del matrimonio de Don Francisco de Paula Paz Castillo y María del Rosario Ramírez. Se desprende de estudios históricos y genealógicos de su familia, que Madre Candelaria estaba ligada con el Libertador Simón Bolívar con el parentesco del quinto grado de consaguinidad.
Su infancia transcurre en el seno de una familia típica de su tiempo, con bases cristianas muy sólidas y que se traducía en un ambiente respetuoso y honesto, sencillo y ordenado. Era gente fiel cumplidora de sus deberes y laboriosa. En ese ambiente familiar, ella aprende y asume en su vida, los valores humanos y cristianos. Sabemos por palabras de su hermana Carmela: “Contaba mamá, que cuando ella era pequeña y le daba algunas monedas, lochas, etc. No lo gastaba, y como se daban cuenta de esto, se pusieron a observarla y ver qué hacía con ella. Pudieron darse cuenta que se la daba a una viejecita.”
Su instrucción académica, aunque escasa y deficiente, propia de la época que le toco vivir, no fue un impedimento para su formación integral: frecuentó una escuela particular donde dio sus primeros pasos en la escritura y el cultivo de su pasión por la lectura. Además aprendió corte y confección y todas clases de labores que fueron un gran apoyo para su posterior servicio a los más necesitados.
En los albores del siglo XX, Venezuela vivía en una gran turbulencia política económica y social a consecuencia de la Revolución Libertadora. La Madre Candelaria, se solidarizó con los enfermos y heridos, prodigándoles atención y consuelo, especialmente en los llanos centrales. Junto con otras jóvenes de su pueblo natal, de un grupo de Médicos y con el apoyo del párroco de Altagracia de Orituco, el padre Sixto Sosa, fundó un hospital para atender a todos los necesitados. Allí en chinchorros y catres de lona, que ella misma confeccionaba, los atendía. Con la fundación de este centro de salud, en 1903, se dio inicio a la familia religiosa que hoy conocemos como Hermanas Carmelitas de Madre Candelaria.
La vida de esta mujer transcurrió entre los pobres. Se distinguió por una profunda humildad, e inagotable caridad para con ellos, una profunda vida de fe, oración y amor a la Iglesia. Además de su esmerada atención por los enfermos, se preocupó por la educación de los niños, tarea ésta que dejó como legado para sus hijas carmelitas.
En su labor de servicio a la comunidad venezolana, se pueden mencionar las fundaciones de los hospitales de Altagracia de Orituco, de Margarita, de Duaca (estado Lara) y la colaboración como personal de enfermería en el hospital Jesús Crucificado de Upata y el Hospital Militar de Barcelona. En educación, la fundación del Colegio de nuestra Señora del Carmen de Cumaná. Del mismo modo, las actividades de caridad y de acción parroquial.
En su última enfermedad que duró casi dos años y la dejó imposibilitada, dio muestra de singular paciencia y plena aceptación de la voluntad de Dios. En su lecho decía. “no hay que buscar suavizar las penas sino ofrecérselas a Dios”. Entre otros, tenemos de su pluma: “Unámonos en espíritu para bendecir al Señor y marchar en su presencia; Dios todo lo dispone con peso y medida; Estando Dios servido todo lo demás nos vendrá por añadidura”. Muestra sencilla de su densidad de vida y hondura espiritual.
Así pues, en la madrugada del 31 de enero de 1940 la Madre Candelaria muere, pronunciando por tres veces el nombre de Jesús. El 22 de marzo de 1969 se inició en la ciudad de Caracas su proceso de Beatificación y Canonización. Después de 36 años de estudio de su vida, por medio de sus cartas y de testimonios de personas que la conocieron y de la aprobación del milagro acontecido en la persona de Milagros del Valle Candelaria Bermúdez Messia, su Santidad Benedicto XVI el día 6 de julio del 2007, firmó el decreto de beatificación.
Su ejemplo sigue vivo entre las carmelitas que fundó, y sus obras continúan brindando el auxilio de la caridad en ancianatos, casas hogares y obras educativas, no solo Venezuela, sino entre los indígenas de Bolivia y los ancianos de Brasil. ¡Qué el Dios de la vida siga bendiciéndonos con hombres y mujeres de su talla!
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