Editorial SIC 758: El país no es de la polarización


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Editorial de la Revista SIC 758. Septiembre-Octubre 2013.

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Los problemas de la vida cotidiana del país, en general, no se pueden ocultar. El desastre eléctrico, la inflación y la especulación, el desabastecimiento y el acaparamiento, la inseguridad y los múltiples planes de seguridad que no terminan de cristalizar, la corrupción y la descomposición de las instituciones encargadas de impartir justicia, la escasez de dólares y el vaivén de la política cambiaria, el estado deplorable de los hospitales y la inexistencia de un sistema de salud, la falta de medicinas y los salarios mínimos que no alcanzan para cubrir los costos básicos; más otro tipo de problemas no menos importantes que están en la agenda de la conflictividad social y política como la crisis universitaria, la situación de las cárceles y la confrontación con los medios de comunicación privados.

En este contexto se llega a las elecciones de alcaldes y concejales. Y como si la realidad de los problemas señalados no fuese lo más importante para todos los venezolanos, se la vuelve a poner entre paréntesis hasta después de que se conozcan los resultados electorales del 8 de diciembre. Se imponen las campañas electorales y se repiten las conductas y discursos tanto de los actores políticos como del CNE que afina las justificaciones de los abusos de los candidatos oficiales.

De manera que la realidad de las alcaldías y municipios está fuera de los intereses de quienes quieren ser sus autoridades. Si estuvieran referidas a la gente, si les importara de verdad la cotidianidad de las localidades, las elecciones de las autoridades municipales serían un momento deliberativo y de positivo uso del procedimiento electoral para expresar la preferencia por sus líderes y no la mera proyección en lo municipal de la correlación de fuerzas de la polarización política nacional. Estas elecciones municipales estarían más cerca de los intereses y necesidades de los actores locales que de los dirigentes nacionales. La gente les respondería con su voto para avalar lo que han construido desde abajo en la convivencia cotidiana, y no a las promesas diseñadas para las campañas electorales del momento.

La mayoría no tiene espacio en la polarización

El horizonte de los políticos de turno, opositores y oficialistas, no es potenciar los dinamismos locales, sino prolongar y reproducir el control de los dirigentes nacionales en los municipios. De haber sido de otro modo, el poder centralizado no estaría ahogando, una vez más, la posibilidad de una autoridad compartida desde las localidades y la posibilidad de participar autónomamente en procesos de toma de decisiones significativas. Se vería algo de claridad en la ruta local-nacional-global. Lamentablemente la política reductivamente electoralista y la polarización han sustituido el trabajo de la política local en el sentido de recrear la vida, el lenguaje, las acciones, los proyectos, las trayectorias personales y colectivas, para que puedan poner mejores medios, servicios, recursos, símbolos y valores que tengan que ver con sus identidades, capacidades, oportunidades, aptitudes e intereses. En el oficialismo se impone, una vez más, la táctica de siempre: ganarse la aceptación del Poder Ejecutivo para asegurarle a su sector que se conseguirán los recursos para el municipio. Esto a su vez refuerza la cultura política donde es el poder central y centralizador el que distribuye a discreción y conveniencia en vez de potenciar las localidades y, al mismo tiempo, alimenta la pasividad de los actores locales que se limitan a esperar lo que les venga del poder central. Y, por su parte, la oposición no da muestras de saber qué hacer más allá de las impugnaciones de las elecciones, el reiterado llamado a la defensa del voto y los acuerdos formales producidos desde el interior de la MUD. De este modo nunca se construirá una visión local ni nacional alternativa, ni se generarán capacidades para participar y decidir. Para conseguirlo haría falta superar la polarización y la política reductivamente electoralista, romper con la lógica del operador político intermediario y creer definitivamente que la gente es capaz de definir sus propias visiones de lo que es bueno para sus vidas y su comunidad. Ciertamente en estos tiempos la mayoría de la gente está inconforme y descontenta con lo que existe en Venezuela. Pero esta mayoría no tiene espacio en la polarización política. Se trabaja para ponerla de un lado o de otro de los bloques, pero no para ponerse de su lado.

Una política reductivamente electoralista

De ahí que en este clima electoralista y polarizado ni por casualidad se preguntan sobre cómo quieren vivir los ciudadanos de la localidad. Nada sobre las dimensiones de los problemas que efectivamente pueden resolver las comunidades organizadas (al contrario, hay un cierto menosprecio por las pequeñas tareas como recoger la basura, el buen alumbrado, la contaminación sónica, el transporte, la vigilancia, etcétera). La inercia de la situación impide levantar discusiones en las que surjan las voces de la gente expresando cómo quieren vivir. El ideal de la gestión de los problemas locales por quienes los conocen y los padecen, los distintos ensayos que se han hecho, incluso los más recientes: consejos comunales, mesas de agua, comités de tierras, han sido desplazados por el ejercicio del poder vertical y autoritario de este Gobierno.

En esta coyuntura electoral la oposición, que no ha sabido combinar acertadamente resistencia, transformación, denuncias y anuncios desde las personas y colectividades populares, concentra su búsqueda de votos en la crítica a la gestión del presidente Maduro y en imprimirle carácter plebiscitario a las elecciones. Ambas ideas quieren servir de base para consolidar la estrategia de salir de Maduro. Pero como la aspiración de fondo, netamente política, es el total de votos nacional, no desaparece la sospecha de que en el discurso opositor no hay nada más allá del uso táctico y retórico del descontento y la conflictividad social. La muestra de ello está en la poca fuerza que tienen los líderes sociales locales, los que de hecho tienen que dar la cara ante sus vecinos en las decisiones que se vienen tomando. Si se sigue por este camino difícilmente se convertirán en alternativa popular.

Por su parte el actual Gobierno mueve todas sus piezas para vender la idea de la continuidad del proyecto revolucionario. La propaganda electoral, ahora sin Chávez, trata de hacer ver que es necesario ganar las elecciones municipales porque en ellas se juega la conservación de lo obtenido hasta ahora. El Gobierno apunta hacia el control de todos los espacios locales, no a su potenciación y autonomía. De este modo, en las elecciones municipales se extiende la alta conflictividad por el poder político nacional.

Los municipios y alcaldías se encuentran atrapados en un forcejeo por el poder que presiona desde el centro hacia las regiones y desde arriba del poder central hacia las bases sociales. No se están mirando desde abajo y en perspectiva descentralizadora. Solo, y muy secundariamente, se ponen sobre la mesa los requerimientos de la población local. Se implementan operativos que por su carácter inmediatista electoral se sabe que terminarán cuando concluya la campaña.

Aunque no se ven elementos para pensar que a la vuelta de la esquina está la superación de la situación, tenemos que dirigir la mirada hacia nuestras fuentes morales y renovar nuestra esperanza en que la fuerza y las capacidades de la gente encontrarán otro modo de convertirse en alternativa a lo vigente.

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Centro de investigación y acción social de los jesuitas en Venezuela. Editamos libros, revistas y ofrecemos cursos de formación.

7 pensamientos en “Editorial SIC 758: El país no es de la polarización

  1. Extraña leer que la oposición sólo trabaja en un afan meramente electoral. Profesionales (160) de alto nivel en materia de sector público y privado y 27 equipos técnicos han trabajado en la gestión municipal para el pueblo y el progreso de los candidatos de la unidad. Seguridad, salud, educación, servicios sociales, desarrollo económico local, participación, servicios públicos eficientes para todos, todo se contempla en programas basados en la experiencia, trabajando adhonorem, muchas veces aportando de su propio pecunio, si a eso le sumamos el cerco mediático que no permite exponer a los ciudadanos el trabajo que se lleva a cabo, lo menos que podríamos hacer es hacernos eco de este trabajo y no de matrices de opinión que sólo señalan que se trabaja sólo en lo electoral.

  2. La polarización no es una política, tampoco una intención, la polarización es el resultado, el efecto, la consecuencia de las políticas que desde el gobierno han dirigido quienes lo ocupan desde 1998, lo demás es la búsqueda de un centro forzado, una tibia tercera vía que no propone más que dialogo sin fondo, denunciar que en la propuesta opositora la transformación del país prive sobre lo local, mintiendo además al señalar que lo local no preocupa, es hacerle el juego a un bando, quienes están en el poder. La defensa de los principios que nos mueven: derecho a la vida, libertad de expresión, propiedad, libertades económicas, derechos sindicales y de asociación, dignidad de la persona humana; así como la denuncia de la ineficiencia, la corrupción, y la violación continua de la legalidad y del estado de derecho por parte del gobierno, no solo son la política de la oposición democrática, deben ser la política de la oposición democrática, aunque el ancho de las aceras, el reciclaje de los desechos sólidos o la sincronización de los semáforos sean importantes, la libertad y el sostenimiento económico de la familia venezolana lo son más, conozco los programas locales de candidatos como Alfredo Ramos en Barquisimeto o Daniel Ceballos en San Cristóbal, en ellos la participación activa de las comunidades en la formulación y seguimiento de las políticas públicas así como soluciones prácticas y progresistas a los problemas de los municipios son claras, pero eso no impide que los temas de fondo, la crisis nacional sean eje central de su respuesta política.

    Un aparte merece la imposibilidad de gobernar como es debido con el actual régimen en el poder, ahorcados los presupuestos locales y regionales, con trabas permanentes institucionales a la acción de gobierno de quienes no son chavistas, las administraciones opositoras son mejores que las oficialistas, pero de haber un gobierno nacional moderno, decente y favorable a la descentralización podrían ser infinitamente superiores.

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  4. Pareciera, que escriben sobre las alternativas que tiene un pueblo ante una contingencia historica normal; se trata de una guerra, aunque no declarada como tal, es una guerra, y quines debemos defendernos del agresor, que trae incluso de la mano a los invasores y les da espacio y poder, no tenemos alternativa, ni tiempo para razonar deliberadamente, porque ante un regimen miserable como este, el dialogo, la lógica, los derechos, los principios, los valores el respeto, son accesorios descontinuados. Buscar culpables a estas alturas es inoficioso, ya que, cuando quienes hoy son señalados de ineficaces, propusieron salidas, igulmente fueron criticados, tildados de autosuficientes, de manera que nunca, los que se sienten una tercera opción o una salida valida, estaran conformes, ni se ponen en frente y dicen, nosotros somos, nosotros asumimos. Criticar sin arriesgar, tirarle piedras a todos como baño de manguera, es lo más facil, lo más comodo y le sirve de mucho al agresor, ya que por descalificación, desmonta a quienes por lo menos, polarizados, quieren hacer algo, safarse de esta camisa de fuerza que esta desapareciendo nuestra identidad de nación, convirtiendonos en vulgares espectadores de una razia. El desmantelamiento de Venezuela como nación, es el objetivo, y quienes no lo ven o no lo consideran determinante, lejos de aportar, estorban. Los polarizados, son más del 50% del país, tal vez eso les diga algo.

  5. Lamentablemente, la polarización no es un capricho que de buenas a primera se ha instalado en el país como fenómeno político inédito de los últimos 50 años. Es el producto inevitable causado por las actuaciones durante 15 años de un gobierno destructor, antipatriótico, que se ha dado a la tarea de anular toda disidencia política, de imponer el castrocomunismo así como las exigencias de Cuba y su clase política corrupta y dictatorial. Señores de Sic: no saldremos de la polarización hasta que ESTE GOBIERNO SE MARCHE. Asi de simple. Lo demás son buenos deseos y fantasías.
    Por otra parte, la exhortación que Uds hacen es a quien? Al gobierno chavista y a la oposición como dirigencia? Por qué mas bien no dirigen sus recomendaciones al pueblo mismo, a los CIUDADANOS, que busquen sus propias soluciones, propongan, tomen iniciativas, planteen sus problemas, sus soluciones e impongan sus liderazgos locales? El poder se conquista, no cae del cielo por obra y gracia de otros sectores que deciden graciosamente cederlo.
    Saludos cordiales..

  6. Cont….Solo quiero agregar que aún con lo expresado arriba, considero que es un excelente editorial, con la solidez intelectual propia del Centro Gumilla

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