Voz de las comunidades: “Las organizaciones comunitarias vamos dando la línea”


Después de veinte años de labor comunitaria, Heiskel León asegura que la articulación de las comunidades con las instituciones es vital para mejorar la calidad de vida en las zonas populares

Carlos Murga *

 comunitario“Yo nací, crecí, me casé y tuve mis hijos en Maca”, dice Haiskel León con una sonrisa que enrojece parte de su rostro. Ella es una mujer luchadora de 47 años que tiene más de dos décadas trabajando por su comunidad ubicada al sur de Petare en el municipio Sucre, Caracas. Pertenece a la Asociación Civil Autogestionaria de Vivienda y Hábitat (Asoavih) Maca y al consejo comunal Maca Unida. Aquí nos cuenta su experiencia en la gestión comunitaria.

―¿Cómo te iniciaste en el trabajo comunitario?

―Lo que impulsa la organización y la participación siempre es un problema, una necesidad. Y esa necesidad fue que el servicio del agua estaba totalmente deteriorado porque la comunidad había crecido muchísimo y los servicios eran los mismos desde que se conformó el barrio.

―¿Y qué hicieron?

―Lo primero fue hacer una fuerte crítica a las asociaciones de vecinos. La gente que conformaba esas organizaciones no informaban a los vecinos lo que hacían, no se reunían con la comunidad, realmente era muy poco el trabajo que hacían.

―¿Cómo se relacionaban las instituciones públicas con estas organizaciones comunitarias?

―En aquel entonces tú tenías que ir a buscarlos a ellos, porque no venían a las comunidades. Estábamos aislados totalmente de las instituciones. Simplemente ellos determinaban qué era lo que se iba a hacer en función de sus intereses y nunca sabían lo que realmente nos faltaba a nosotros. Ellos no estaban en sintonía con las necesidades de las comunidades.

―Si es así actuaban desde una visión muy vertical y autoritaria. ¿Cómo ocurría eso en la práctica?

―La cuestión la hacían a través de cabildos abiertos. Allí iban, por ejemplo, todas las asociaciones de vecinos de la parroquia. Las convocaba la alcaldía conjuntamente con sus respectivas direcciones. Se trabajaba por carta, se hacían las solicitudes con firmas anexas de los vecinos y si ellos te lo aprobaban, pues allí se definía el trabajo. Ellos armaban el proyecto e iban y lo ejecutaban. Realmente era una cuestión muy asistencial, el rol de la comunidad era lograr que la atendieran y listo.

―Mucha gente plantea que esta situación fue caldo de cultivo para la cooptación de la organización comunitaria. ¿Qué opinas de esto?

―Fue así. Desde las instituciones también empezaron a contratar a líderes comunitarios para trabajar con entes públicos y así quedaron abandonadas las comunidades. Ese bozal de arepa no les permitía pelear con su patrón en función de los intereses de sus comunidades. Allí fue donde se ahorcaron a muchos líderes comunitarios. Allí veo la gran falla, cuando un líder comunitario pasa a ser parte de la institución. Pasa igual desde el punto de vista partidista, cuando empiezas a responder más a los intereses de los partidos que a las necesidades de las propias comunidades.

―¿Cómo enfrentaron ustedes estas situaciones?

―En nuestro caso, como en el de muchas otras comunidades, optamos por seguir adelante con el proceso organizativo. Siempre persistentes. En el año 1996 sale el boom de las asociaciones civiles y allí nosotros creamos una vinculada al tema de vivienda. Y allí seguimos madurando y siempre participando. Luego vinieron los círculos bolivarianos, luego las unidades de diseño urbano. Allí también participamos.

En el año 2003 se construye la iniciativa de los comités de tierras en casi todas las comunidades. Se hace una gran asamblea con todos ellos en el Poliedro y se da inicio a un conjunto de trabajos y obras muy importantes sobre todo para los barrios.

Iglesia el Carmen―¿Cómo fue el trabajo de ustedes con los comités de tierras urbanas?

―Para nosotros la tenencia de la tierra ha sido como una gran deuda histórica. Pero nosotros luchábamos con la visión de que la tenencia tenía que venir de la mano con la rehabilitación de los barrios y de sus servicios. Pero el tema de la tenencia para nosotros era fundamental porque no aparecíamos en el plano catastral, toda nuestra comunidad de Petare Sur era un área verde.

Cuando nos damos cuenta de eso nos fuimos el Ministerio de Vivienda y allí empezamos a trabajar en función de eso. Esto era una tranca para todo, porque no existíamos y todo iba para Petare Norte. Y nosotros decíamos: ¿es que acaso no existimos? Entonces con la gente del Ministerio trabajamos para hacer los planos de la comunidad vía aérea. Nos dijeron, “bueno, le toca a alguien montarse en el helicóptero con los profesionales para tomar las fotos de las áreas donde están sus comunidades”.

―¿Qué significó este logro para ustedes como organización y como comunidad?

―Eso fue apoteósico, eso marcó nuestra historia. Después de seis meses ver los resultados de ese trabajo y vernos allí, en el mapa, fue espectacular. Fue una gran celebración. Con todo lo que costó, era vernos y sentir que allí estábamos. Y eso también fue gracias a nuestra organización, estoy segura que si no hubiéramos estado organizados no lo logramos.

―¿Qué otras cosas han logrado como organización comunitaria?

―Mira, muchas. Hemos logrado varios planes para mejorar nuestras viviendas. Ahora estamos gestionando un cambio urbanístico en Maca en conjunto con el Metro de Caracas. Todo esto nació a partir de la articulación de 34 consejos comunales de distintos sectores que nos agrupamos en la comuna en construcción Alicia Benítez. Con esto tenemos una visión más amplia; no solo se trabaja por un sector, sino por toda Maca. Entonces los beneficios y las mejoras irán dándose poco a poco porque se trata de proyectos integrales.

―Y en todo ese proceso, ¿cómo ven ustedes la articulación con las instituciones públicas?

―Mira, en principio te puedo decir que hay algo muy bueno y es que vemos a los funcionarios públicos en nuestras comunidades. Antes eso no se veía. Pero hay debilidades también y yo las asocio directamente a ese mismo funcionario que, para poder hacer algo, nos pide demasiados trámites y protocolos. Entonces nosotros como líderes terminamos cansándonos, porque uno sabe que los recursos están allí para las comunidades y que la cuestión termina trancándose por la dinámica de las instituciones. También se ponen trabas si no eres de la misma tendencia política o si de repente incluso le caes mal a un determinado funcionario, todo eso dificulta la relación. Y entonces poner la denuncia, pasar cartas para ver qué está pasando, todo eso es tiempo que a la final termina por desgastar a las organizaciones comunitarias.

―¿Qué pueden hacer ustedes como líderes comunitarios ante estas situaciones?

―Creo que lo que nos toca es pasar por encima de los funcionarios y perseverar. Se tiene que seguir adelante. Entonces, por ejemplo, cuando no nos dan respuesta tenemos que buscar recursos propios en la misma comunidad o en empresas privadas que puedan dar su aporte. Porque como líder no puedes decaer, tienes que seguir actuando y buscando apoyo interno o externo.

―¿Cómo ha sido su experiencia en la búsqueda de esas alianzas con otros actores?

―Nosotros articulamos con empresas privadas, pues ellos también pueden dar grandes aportes a las comunidades cuando realmente lo quieren hacer. Allí hemos tenido muy buenas alianzas en términos de ayuda para la gestión y la formación de proyectos. Igual con las universidades, hemos buscado alianzas tanto con la Universidad Central como con la Universidad Metropolitana. Ellos nos van dando apoyo técnico para necesidades que tenemos como organizaciones. Mientras sea para apoyarnos, nosotros les damos la bienvenida. Incluso ahora eso lo exigimos, y somos nosotros mismos los que los vamos a buscar, pues es necesario que también los futuros profesionales aporten y también que aprendan de nosotros. Y eso también tiene que ver con la capacidad organizativa de las comunidades para hacer este tipo de alianzas.

 ―¿Cuáles son los elementos fundamentales que debe seguir toda organización comunitaria para tener éxito?

―Lo primero es que esa organización comunitaria trabaje en función de una problemática real y sentida por toda la comunidad. La organización parte fundamentalmente de allí. El otro punto es que la organización comunitaria tenga un puente directo con la comunidad, con los vecinos. Porque en el pasado las organizaciones eran llevadas por unos pocos que iban a las instituciones y allí tomaban las decisiones. Ahora no, nosotros como organización comunitaria tenemos que trabajar en colectivo de forma horizontal y tener el aval y el respaldo de la comunidad. Para eso es que sirven las asambleas de ciudadanos. Allí se informa y se discute todo. Lo otro es que cuando nos articulamos varias organizaciones comunitarias, por lo menos, a través de la comuna, tenemos mucho mayor peso y legitimidad para gestionar con las instituciones. Todos salimos beneficiados a partir del trabajo articulado y conjunto.

―La otra cara de la moneda es la articulación con las instituciones públicas, ¿qué sugieres para que esto pueda darse de forma adecuada?

―Mira, lo primero es que los funcionarios públicos deben seguir haciendo presencia en las comunidades, ya lo vienen haciendo, pero tienen que profundizar el trabajo. Y esto pasa fundamentalmente por respetar a las organizaciones comunitarias. Muchas veces se suelen presentar funcionarios que quieren pasarle por encima a las comunidades. Lo otro es que deben fortalecer mucho más el tema del seguimiento. Tienen que hacer el trabajo directo con la comunidad, pero no se puede quedar en unas visitas y el inicio de los proyectos, tienen que hacer el proceso de seguimiento conjuntamente con nosotros. También tienen que bajar ese poco de trámites y recaudos para hacer la gestión con nosotros. Eso termina agotando a las organizaciones.

A pesar de todas estas debilidades, nosotros seguimos adelante con persistencia. Pienso que la comunidad y especialmente las organizaciones comunitarias vamos dando la línea, porque nosotros somos los que sufrimos las problemáticas aquí en el barrio, pero a su vez somos nosotros los que sabemos y luchamos día a día para solventarlas. Y todo eso lo podemos hacer porque tenemos muchísima experiencia en esto, porque la organización comunitaria no es de ahora, han sido muchos años de trabajo. Entonces la combinación perfecta es cuando nos articulamos con instituciones donde están los profesionales que nos pueden ayudar y donde están los recursos para promover los proyectos. Eso es lo que está empezando a pasar ahorita y es gracias al empuje que se hace desde las propias comunidades con sus organizaciones.

*Coordinador del programa Fortalecimiento para las Comunidades Organizadas (FOCO) del Centro Gumilla.

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Centro de investigación y acción social de los jesuitas en Venezuela. Editamos libros, revistas y ofrecemos cursos de formación.

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