Editorial Sic 704. Mayo 2008
Nuevamente la educación vuelve a ponerse en la palestra pública nacional con la propuesta del currículum bolivariano. El debate está siendo intenso y ha suscitado la participación de todos los sectores de la sociedad, al punto que el Presidente de la República en su alocución del 3 de abril ha postergado su aplicación y ha hecho un llamado a diseñar una alternativa, a los sectores que se oponen a su propuesta, para que la sociedad por la vía refrendaria en 2009 elija entre dos opciones: la oficial o la de oposición. A partir de este hecho, queremos aportar algunas reflexiones con la finalidad de enriquecer este debate.
En primer lugar nos parece que más allá del currículo lo que está en juego es algo más estructural: la calidad de la educación. El Estado está obligado a garantizar el acceso universal a una educación de primera que esté a la altura de las exigencias de la época. Ser garante implica crear las condiciones y las sinergias necesarias de todos los sectores de la sociedad para el diseño y aplicación de políticas públicas orientadas a hacer realidad una educación de calidad para todos y todas los ciudadanos y ciudadanas de la República. Por eso el Estado en cuanto tal tiene una función docente importante, especialmente desde el criterio de la equidad para que ésta sea inclusiva. Pero esto no nos lleva a compartir la tesis del Estado docente en la que el Estado es el único educador.
Hacer justicia a la realidad educativa exige recuperar nuestra memoria. En los primeros 22 años de democracia (1958- 1980) se fue consolidando una educación pública inclusiva y de calidad que llegó a estar a la altura del tiempo, al punto que los estudiantes que egresaban de nuestro sistema educativo eran altamente competitivos a nivel internacional, prueba de esto fue el alto nivel de capacidad de nuestros estudiantes provenientes del sistema de becas Gran Mariscal de Ayacucho. La educación fue sin duda alguna en dicho período uno de los principales vehículos de movilidad social. Las personas de nuestros barrios podían apostar y hacer realidad el sueño de tener entre sus hijos un técnico cualificado o un profesional competente y a través de ello mejorar sus condiciones de vida. (more…)



