La Semana Santa y el libro cuyo título encabeza este artículo tienen similitudes que llaman a reflexión. El drama de la condena de un inocente en manos de los detentores del poder tiene rasgos comunes con la vida cotidiana de mucha gente. La humillación permanente, el doblegar la cerviz para obtener una dádiva, la inseguridad que ronda en cada sombra, la incertidumbre ante un futuro oscuro, son el calvario de cada día sin que asome el rayo de luz de la pascua. Aparece la fe que dispara la esperanza creadora a construir espacios de humanización y trascendencia.
La inseguridad es uno de los fantasmas que tiene aterida a la población venezolana. La violencia verbal y física deja corazones heridos y cuerpos yertos por doquier. Las estadísticas nos convierten en campeones de la muerte y el dolor. Las cárceles son espejo de una sociedad sin entrañas donde se pudren, sin posibilidad de redención, miles de hombres y mujeres en los que la hiel del odio y la insatisfacción los vuelve más agresivos, pues la vida, la propia y sobre todo la ajena, valen muy poco.
Hablamos de inseguridad sin percatarnos de la gravedad que encierra. La cultura de la violencia, la muerte y de sálvese quien pueda se introduce por los poros en nuestra sociedad. Todo se obtiene a los trancazos. Es la ley de la selva. El más fuerte vence. Así se manda y así se burla la ley para subsistir. No importa mentir, cambiar las reglas de juego, fingir ser cordero para dar el zarpazo…
Lo peor es creer que este mal se cura fácilmente. Las historias de vida, recogidas pacientemente por el Padre Alejandro Moreno y su equipo de investigación sobre el delincuente venezolano violento de origen popular ofrecen una radiografía que pone en evidencia el cáncer que corroe a nuestro país. Cuando se dice popular, un gran sector percibe que la cosa no es con él. Craso error. En las esferas del poder político y económico, en las urbanizaciones y en los barrios, en empresarios y consumidores, en creyentes y ateos, la cultura delicuencial campea como el modelo a imitar. Si a nuestros malandros los convierten en héroes como Zamora, el Che o Raúl Reyes, a quienes hay que rendir honores, por qué a mí no…
La Semana Santa ha sido una invitación a construir la cultura de la vida, de la resurrección, en el afanoso trajinar cotidiano donde se teje el valor de la fraternidad y la solidaridad.
Nota: Suscríbase y reciba Sic Semanal en su e-mail
Ya está a la venta la revista Sic 702, titulada: Seguridad ciudadana, comunidad y Estado
Para suscribirse a las publicaciones del Centro Gumilla, infórmese en nuestra página web.
Otras lecturas sobre “Y salimos a matar gente”:
· Alexander Campos, Centro de Investigaciones Populares: Y salimos…
· Efrén Barazarte: Investigación sobre el delincuente venezolano violento
· Entrevista. Expediente El Universal



