Piero Trepiccione
Venezuela vive una de las horas más estelares de su historia republicana. El dos de diciembre próximo, los venezolan@s hemos sido convocados a votar en el referéndum con miras a reformar nuestra Constitución de 1999.
Aparentemente, los niveles de abstención se mantendrán entre el 25 y el 40 por ciento del registro electoral. Lo paradójico del asunto en cuestión es que la mayoría de los venezolanos desconoce radicalmente el contenido de una propuesta que sin duda, de ser aprobada, modificará paulatinamente, aunque con cierta aceleración, el modo de vida de nuestra sociedad. Lamentablemente, sumado a esto, está el hecho grave acerca de la orientación del voto, que se centrará mayoritariamente en el marco de la polarización; es decir, si estoy con Chávez debo votar sí y si estoy con la oposición debo votar no. Esto desvirtúa el auténtico sentido de la democracia y de la encrucijada republicana que vivimos.
Si el escenario descrito es el que ocurre en la realidad, Venezuela seguirá transitando caminos cada día más difíciles e irreconciliables entre las partes en disputa política; acercándonos a estadios donde la violencia será algo parecido a la normalidad. Si, por el contrario, los venezolanos concienzudamente analizan, estudian, discuten, leen y se forman su propio criterio sobre la propuesta de reforma constitucional, posiblemente alcancemos un grado más de maduración política y nos pongamos en un camino directo hacia la reconciliación y el entendimiento sobre el presente y el futuro de lo que debe ser este país.
El otro elemento digno de análisis profundo es el de la participación política. Ningún connacional debe dejar de ir a votar. Yo no creo en la abstención como arma política exitosa. Para muestra un botón. El actual presidente de la república Hugo Chávez, en 1995 recorrió absolutamente todo el país promoviendo la abstención en el proceso comicial regional y local de ese momento; inclusive, apoyó esta estrategia en contra de su compañero de armas Francisco Arias Cárdenas, quien a la sazón aspiraba ser gobernador del Zulia. Al final, Arias Cárdenas resultó electo y Chávez no logró bajo ninguna circunstancia mover o hacer titubear el sistema electoral de ese entonces y ni siquiera hizo que la legitimidad del proceso comicial quedara en entredicho. Luego vendrían algunos meses de reflexión y análisis que luego desembocaron en la crucial decisión de participar en las elecciones presidenciales de 1998, en las cuales, demás está decirlo, resultó triunfador. Este hecho debe hacernos comprender que en la política y el poder, los espacios no se pueden dejar solos, puesto que alguien los ocupará paulatinamente. En tal sentido, la historia podrá ser cambiada sólo si en esta hora crucial los venezolanos decimos presente.
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Estimado amigo, muy acertado tu pronostico en cuanto a la abstención, la cual se ubicó en casi un 45 %, bastante alta en mi opinión, si bien es cierto, que se puede considerar un reflejo de “castigo” hacia la propuesta por parte de electores que en comicios anteriores pudieron haber respaldado la opción oficialista, igualmente es un reflejo de la unidad y la cohesión de sectores de oposición que por primera vez en nueve años, se deciden por apoyar una sola opción (salvo pírricas excepciones) y demuestran un mejor manejo comunicacional, más alegria y más disposición en la intención del voto. La participación fue un factor decisivo, en el caso de la oposición, pienso que ya no se deben tomar en cuenta los sectores abstencionistas por naturaleza, simplemente a estos señores no les importa el destino del país, representan la muestra más apatica de la sociedad venezolana, caso contrario el sector que se abstuvo, conformado por quienes resplandan al Presidente de la República, sin embargo en esta oportunidad no lo acompañaron (Gracias a Dios) y es motivo de un profundo análisis,de las causas de este comportamiento generalizado y manifiesto en esta jornada electoral y de que manera se puede incorporar a este gran número de compatriotas hacia la reconstrucción del país.
Se debe estar alerta, en cuanto a la reagrupación de fuerzas, por parte de ambos bandos; mientras se llama a la reflexión y la reconciliación, las fuerzas políticas siguen reajustando sus estrategias, sobre todo en cuanto a la reelección del Presidente de la República, objetivo principal de la desestimada reforma.