Félix Ríos Á.
Cronológicamente han pasado algo así como 60 meses, 260 semanas, 1825 días, 43.800 horas y vaya Ud. a irse imaginando la cantidad de minutos y segundos que han transcurrido desde los sucesos de abril de 2002. Por ello, queremos aprovechar este momento y preguntarnos cómo ha sido el balance hasta la fecha en materia de convivencialidad.
Afortunadamente, podemos decir que nuestra crisis política no derivó en una confrontación que haya sumido a su gente en la más absoluta incertidumbre, destrucción y desarraigo que suceden luego de una lucha armada. En mucho menos tiempo países como Norteamérica (1861-1865), Rusia (1918-1922) o España (1936-1939) se mataron en sendas guerras civiles. En nuestro caso, queda pendiente la pregunta ¿Qué ha evitado que la sangre llegue al río?
Este suspiro que nos genera el ver que no ha ocurrido en esta tierra de gracia lo que ha pasado en otras partes, no puede ni debe ignorarse la situación de desintegración social que aún divide a los venezolanos y que como país nos hace percibirnos con una “profunda herida” que aún dificulta resolver nuestras diferencias políticas. Si no, preguntémonos por qué aún hay familias, amigos o espacios laborales en los que se hace imposible resolver sin prejuicios, ni discriminaciones, estas diferencias ¿Cuál es la raíz de esta intolerancia?
El caso RCTV o la reelección presidencial, por ejemplo, anuncian nuevas agarronas con poquísimos espacios de acuerdo ¿Y entonces? Aunque no deambulamos en medio de la violencia política que tradicionalmente se padeció en otras partes, es preciso reconocer y desenmascarar las sutiles expresiones de intolerancia que se manifiestan frente a quien piensa distinto de nosotros ¿Estaremos siendo partícipes de esta espiral que niega al otro?
Por lo que la cosa suele complicarse si a quien tienes en frente no comparte la misma posición política. Cuando estas situaciones aparecen poco importa si se trata una persona simpática, inteligente, decente, resulta atractiva, o si tiene afiliación por el mismo equipo de béisbol, el problema es que no se soporta que tal persona esté en “contra de…” o a “favor de…” y en medio de estas simplificaciones han pasado muchos de los 60 meses, 260 semanas, 1825 días y 43.800 horas de discordias, que no es otra cosa que la expresión de sectores sociales que rechazan la idea de reconocer y convivir con el resto ¿Pero este estado de ánimo es compartido por toda la sociedad?
He aquí una buena noticia: los sondeos de opinión muestran que los sectores más extremos del espectro político y social son más pequeños en relación al resto de la sociedad, por lo que el problema está en el casquillo que hemos comido los venezolanos ante los sentidos extremistas, las voces que llaman a la confrontación y al desconocimiento de quien piensa diferente.
Por lo que es oportuna la ocasión para aprender del espejo español que en estos cinco años ha presentado gente como Tulio Hernández, quien nos invitó a la re-lectura de Julián Marías sobre las causas de la guerra civil española. Este ibérico viene al caso puesto que nos dice que el “estado de discordia, fue provocada, fue, en definitiva, contra la voluntad de la mayoría del país, o aprovechando la falta de voluntad o la debilidad de la voluntad de la mayor parte del torso de la sociedad española. Ésta no resistió a esa atracción en ambos sentidos y quedó rota, quedó dividida. Ese fue el clima que hizo posible la guerra civil…”.
Hablando de tiempo, nunca es tarde para aprender lecciones que nos permitan empezar a caminar y celebrar algo diferente a esta venenosa discordia.
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